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La historia gira alrededor de Ethan Winters, el protagonista de la trama que decide ir a buscar a su desaparecida pareja, Mia, de la que no sabe nada desde hace más de tres años. Un misterioso correo electrónico firmado a su nombre le indica la llegada a una casa regentada por la familia Baker. Una vez llega allí, se da cuenta de que están sucediendo cosas realmente extrañas.

 

Análisis by Meristation

El anuncio de Resident Evil VII pilló a casi todos por sorpresa. Veníamos de la sorpresa y posterior cancelación de P.T. de Kojima y en su primera presentación, ese aspecto en primera persona recordaba a lo que habíamos vivido anteriormente con Silent Hills. El equipo de desarrollo explicó que el proyecto estaba en marcha desde antes del anuncio del cancelado título de Konami y que la idea era volver a los orígenes mirando al pasado. Terror, pero similar al que conocemos hoy en día (Outlast, Amnesia y tantos otros juegos que usan la primera persona para envolver al jugador en medio de la tensión que promueven).

La demo hizo el resto. Un ambiente sobrecogedor, exploración pausada, encaje de bolillos a base de elementos que parecen no tener relación entre ellos hasta que damos con la tecla y una experiencia de lo más satisfactoria. La gran pregunta: ¿Qué tenía que ver todo lo visto con Resident Evil? Mucho más de lo que parece. De hecho, es una de las cuestiones que más se ha debatido al respecto, si estamos ante un juego que hereda el legado de los clásicos o, simplemente, es un juego de terror que podría llevar otro nombre. Nosotros apostamos por lo primero, y con motivos de peso.

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Resident Evil VII mantiene la esencia de la fórmula que vivimos a mediados de los noventa y principio de los 2000 en varios frentes. Es cierto que tanto la ambientación como el protagonista, así como el desarrollo argumental que se nos presenta en un primer momento no parecen encajar en el universo de Raccon City, Umbrella Corp o los miembros STARS Jill, Chris, Leon y compañía. También es cierto que la perspectiva en primera persona cambia el punto de vista desde el que siempre hemos visto la saga de Capcom. Pero estos elementos simplemente responden a cómo se consume el terror hoy en día. Una puesta a punto para actualizar la marca a los tiempos que corren. Si Resident Evil no hubiera existido nunca, seguramente su primera entrega en 2017 sería con directrices como las que tiene esta séptima parte, y no como lo vimos en 1996 por primera vez.

A cambio, tenemos muchos puntos en común que conectan con nuestras peripecias en la mansión Spencer, en la comisaría de policia, nuestro tira y afloja con Nemesis o nuestro paso por el tren donde va Billy Coen. La principal de ellas es el equilibrio: cuando en 30 minutos de Resident Evil 4 has matado o has visto a más enemigos que en cinco horas de Resident Evil 7, uno tiene claro, por lo menos, la declaración de intenciones del equipo de desarrollo de Capcom. Lo recordábamos en los reviews de los remasters HD y se expresa perfectamente en esta entrega: Aquí no son más importantes los disparos que la exploración. Eliminar enemigos antes que resolver acertijos. Seguir hacia delante como único camino antes de dar un garbeo más por si nos hemos dejado algo. Resident Evil siempre ha sido esto: explorar, solucionar puzles, sobrevivir a una atmósfera terrible y, también, pulsar el gatillo. Pero todo en su justa medida.

Resident Evil 7 marca un nuevo reinicio a la saga, tal y como sucedió hace más de una década con Resident Evil 4. La mayoría de propuestas del título se hacen de manera excelente, recuperando un ritmo más pausado en el que la exploración es más importante que vaciar un cargador ante un enemigo. El título dirigido por Koshi Nakanishi no tiene problemas en verse influenciado por detalles y una puesta en escena que recuerda a otros clásicos del terror –del cine y de los videojuegos- ya que, junto a ello, sabe ofrecer su propio punto de vista dentro del género. La esencia de Resident Evil queda demostrada en puzles cada vez más ingeniosos y de mayor envergadura que recuerdan a los grandes momentos de las entregas iniciales, zonas laberínticas en las que perderse, la necesidad de volver atrás en más de una ocasión, la relación del jugador con el contexto que le rodea para conocer detalles de la trama, en mecánicas marca de la casa (gestión de inventario, combinación de objetos, escapar de los enemigos como apuesta igual de válida que disparar) y en un argumento y desarrollo del mismo que responde perfectamente al concepto “Resident Evil”. Sí, se respeta más la saga con esta fórmula en primera persona y con este cambio de emplazamiento y atmósfera que no musculando a personajes armados hasta los dientes.

Es tal el cambio de rumbo de la serie que precisamente su principal virtud en la última década, los tiroteos, es lo que menos convence de un juego que te asusta, te deja intranquilo y, sobre todo, te mantiene en tensión desde el primer minuto hasta el último. No es un título perfecto, y se ve en algunas inconsistencias técnicas o en combates con jefes finales poco inspirados. Pero sí es el título perfecto para volver al terror por la puerta grande. Y con un final que abre de par en par las puertas a un nuevo comienzo.

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